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Discurso del Dr. D. Vicente Zapata Hernandez en nombre de todos los premiados en la entrega de la quinta edicion de los Premios Tenerife Rural

diciembre 15, 2012

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Esta semana que termina, tuvimos el honor de celebrar los 5º Premios Tenerife Rural, y nos enorgullece compartir con todos ustedes las palabras que pronunció D. Vicente Zapata en nombre de todos los premiados:

“Sr. Presidente. Dignísimas autoridades. Miembros del Jurado, de la comisión técnica y de la Fundación Tenerife Rural. Patronos de la Fundación Tenerife Rural. Familiares y amigos de las personas premiadas. Buenas tardes a todos y a todas las presentes.

Me gustaría comenzar agradeciendo a los promotores de los Premios Tenerife Rural que hayan pensado en mí para realizar esta breve intervención en nombre de las personas reconocidas en esta edición; y al resto de personas premiadas por su confianza, espero no defraudarles. Mis palabras pretenden hilvanar reflexión, reconocimiento, aliento, agradecimiento y memoria… Comenzamos.

 

En primer lugar, Una mirada a las actuales circunstancias en las que nos desenvolvemos a través de la lente del mundo rural nos facilitaría argumentos para la reflexión. Y es que, absortos como estamos en las ciudades en medio de la vorágine que ha provocado una crisis económica que tiene como raíces una profunda crisis del modelo social, olvidamos que el mundo rural viene atravesando una ya dilatada etapa de dificultades desde hace décadas; circunstancias que han acabado transformando muchas de sus estructuras económicas y sociales, modificando su territorio y paisaje, renovando sus identificadores culturales, e incluso, incidiendo en lo que se considera la identidad rural.

Para muchos, ese proceso de decaimiento se ha evidenciado con la merma de sus efectivos más dinámicos por la emigración y el éxodo rural, el abandono de los espacios de interior menos atractivos para el asentamiento, la desaparición de determinadas actividades agrarias y prácticas artesanales, la obsolescencia de la infraestructura agraria y la pérdida de buena parte del patrimonio rural, tangible e intangible, y ante todo, una creciente subordinación al mundo urbano y sus centros de decisión. Pese a ello, el mundo rural no se ha desvanecido, al contrario, sigue evolucionando y adaptándose a los nuevos tiempos, a las modernas circunstancias, incluso mediante el desarrollo de una alentadora multifuncionalidad, que confiere una renovada dimensión a los territorios rurales, ahora más que nunca imbricados con el mundo urbano.

Es más, en coyunturas como la actual miramos con más interés hacia el interior, hacia el campo, hacia el espacio rural y sus enseñanzas y oportunidades. Hacia aquel territorio que no sólo nos puede proveer de lo indispensable para la vida, sino que, además, puede facilitarnos referencias útiles para ‘capear el temporal’ que nos envuelve. Atendemos entonces, curiosos, a los identificadores de una cultura asentada en la previsión y el ahorro, en el trabajo comunitario para mantener en las mejores condiciones determinados elementos compartidos, en la ayuda mutua para afrontar iniciativas de especial envergadura, en el trueque para dar salida a las producciones diversas. Prácticas que, paradójicamente, guardan más o menos paralelismo con los actuales bancos del tiempo, el intercambio a través de las redes sociales, el coworking o el crowdfundig, esto es, estrategias para superar las dificultades existentes, más basadas en la solidaridad y la creatividad social que en orientaciones economicistas.

En ese proceso de adaptación en el que está inmerso el mundo rural han sido siempre fundamentales las personas; las personas y su compromiso en un contexto socioterritorial complejo. Personas que piensan, que trabajan, que crean, que innovan, que se desenvuelven en una permanente realidad de luces y de sombras. Luces que suelen alumbrar un marco de notables recursos y posibilidades; sombras que suelen acompañar los enormes obstáculos existentes, para que, con frecuencia, cuajen sus iniciativas, sus sueños. Entendemos así que los premios Tenerife Rural pretenden rescatar y destacar aquellas experiencias, casi siempre vitales, que con carácter demostrativo contribuyen a difundir una visión mucho más positiva y alentadora del mundo rural al conjunto de la sociedad.

En segundo lugar, Un recorrido interpretativo a través de las personas y entidades premiadas nos mostraría las múltiples dimensiones de un mundo rural vivo y con capacidad de iniciativa, que no se pliega ante las adversidades, y que, además, sigue siendo fuente de interés e inspiración para muchos actores comprometidos en su proceso de desarrollo.

En la presentación de esa hipotética ruta señalaríamos con énfasis que el mundo rural es inmensamente amplio; está conformado no sólo por sus habitantes, sino por todas aquellas personas y entidades que mantienen vínculos con el mismo, lo que nos descubre un enorme abanico de posibilidades y áreas de interés. Nuestro itinerario avanzará entonces saliendo y entrando continuamente de esa realidad diversa.

Partirá en su introducción de lo más profundo, la esencia del mundo rural, protagonizada por Ángel y Francisca, agricultores y ganaderos que han dedicado su vida a extraer lo mejor de la tierra, silenciosamente, conservando su biodiversidad y manteniendo prácticas tradicionales que de otro modo hubiesen desaparecido; su aportación, de valor incalculable, supone la mejor muestra de la generosidad que la gente del campo mantiene con el resto de la sociedad. Conocimiento y sabio manejo de múltiples variedades de papas, cereales y frutales, cuyo cultivo siguen apoyando entre sus familiares en la actualidad.

Estrechamente vinculados con la actividad y la producción agrarias encontramos en nuestro itinerario los más diversos oficios artesanales, entre los que destacan por su singularidad la hojalatería y la latonería, encarnadas en el taller de los descendientes de Wenceslao Yanes, a saber, Rafael, Isidoro, Wenceslao y José, labor que han ido renovando y adaptando a los nuevos tiempos para que sus creaciones no pierdan funcionalidad y sigan siendo útiles allí donde se demanden; testimonio de un legado que se transmite a través de las generaciones y sigue formando parte, asegurando su preservación, del patrimonio y las tradiciones rurales.

Nuestro camino orillea ahora el marco rural, para encontrarnos con un colectivo de personas curiosas que han desarrollado una estrategia original para recuperar, mantener y difundir el legado cultural canario centrado en el folklore musical. Esfuerzo múltiple que a través de la investigación se realiza desde la Universidad y ha sido concebido en el ámbito educativo comprometido con la realidad de su entorno, centrado en el legado de nuestros mayores, maestros y maestras de la tierra. El Grupo Folklórico de la Facultad de Educación afina voces e instrumentos para hacernos revivir así nuestra tradición musical más apreciada.

El recorrido avanzaría en este momento hacia aquellos elementos más innovadores que ponen el acento en la viabilidad y sostenibilidad del mundo rural, encarnados en la esfera de la empresa que representan Salvador y su Canarias Forestal, que aprovecha el saber tradicional combinado con la tecnología más moderna para llevar a cabo una utilización más eficiente y ecológica de los recursos, incluso obteniendo valor económico de los residuos orgánicos. Esta experiencia es fiel reflejo de la ampliación progresiva de una idea convertida en iniciativa, incorporando nuevas actividades, estrechamente interrelacionadas, hasta configurar un sistema coherente de aprovechamiento y producción en la esfera rural.

Las experiencias vitales, actividades e iniciativas de diverso tipo, y también los valores hasta aquí expuestos, deben ser transmitidos a las nuevas generaciones como fórmula para su permanente revalorización, lo que nos conduce, en la última etapa de nuestra ruta otra vez a la Universidad, a nuestra Universidad, donde profesores y profesoras de diferentes ramas del conocimiento se encargan de concebir estrategias creativas para interesar y dirigir la mirada de nuestros jóvenes estudiantes hacia una realidad que desconocen en gran medida. Promoción y difusión de sus identificadores desde el rigor académico, sin olvidar realizar lecturas críticas y proponer modernas formas de interpretar ‘lo rural’, para una adecuada comprensión de sus problemas y la identificación de sus posibilidades.

Nuestros pasos nos guían hacia el final de este itinerario basado en el reconocimiento de las personas premiadas, si bien, toda ruta tiene una conclusión en la que se refuerzan los significados que hemos ido descubriendo conjuntamente: fidelidad a las raíces, preservación del legado tradicional, mantenimiento de la originalidad cultural, continuidad y relevo generacional, gestión racional y sostenible, investigación y transferencia, interpretación rigurosa y crítica, desarrollo de la innovación, creatividad y compromiso social…

En este punto, la aportación de Fernando Jiménez, en relación con la promoción del sector agrario y la dignificación de las actividades con él vinculadas, impulsando proyectos y liderando organizaciones para defender sus intereses, luchando no sólo por asegurar su supervivencia, sino, también, para que constituya uno de los pilares de nuestro presente y futuro compartido, supone el inmejorable cierre de un recorrido que sobre todo han conformado las personas, sus realizaciones y su compromiso con el mundo rural.

En tercer lugar, parece conveniente realizar Una breve reflexión sobre los premios y la necesidad de mantenerlos y ampliar su proyección, como una de las vías para orientar la mirada de nuestra sociedad hacia las circunstancias del mundo rural, sobre una parte fundamental de nuestro marco socioterritorial, que sigue efectuando aportaciones enormemente valiosas y que está llamado a incrementar su protagonismo para hacernos avanzar en contextos de creciente dificultad.

Después de celebradas cinco ediciones, en las que, particularmente, he estado vinculado y he podido conocer su funcionamiento desde las entidades proponentes, desde el Jurado e incluso ahora en calidad de premiado, comparto con el resto de personas reconocidas en diferentes momentos, que estamos ante una convocatoria ya consolidada, atractiva y bien planteada, desarrollada con el máximo esmero y cuidada al detalle, que puede ser, sin duda ya lo está siendo, una inmejorable palanca para ahondar en la promoción de los identificadores, las aportaciones y los valores que siguen surgiendo de ‘lo rural’ en el contexto insular.

Y a esa tarea debemos prestarnos todos y todas.

En cuarto lugar, formular Un sentido agradecimiento en nombre de las personas y entidades premiadas a las organizaciones que nos propusieron en esta edición, solicitando a menudo el concurso y apoyo de otras. Es el caso de los Ayuntamientos de Guía de Isora, de La Orotava y de Los Silos, de la Sociedad Cooperativa del Campo La Candelaria, por partida doble, y de la Asociación Foro Prebendado de Tegueste. También deseamos dar las gracias al grupo de profesionales del Cabildo de Tenerife que participan cada año, a modo de comisión técnica, en la preparación de las candidaturas para que el Jurado pueda fallar los premios, a cuyos miembros asimismo queremos mostrar nuestro reconocimiento por la labor altruista que realizan. A Adrián Ruíz y Beatriz Chinea, que nos regalan en cada edición artesanales piezas emotivas con la semblanza y el testimonio de las personas premiadas, ampliando el patrimonio audiovisual ligado al mundo rural tinerfeño.

A la Fundación Canaria Tenerife Rural, particularmente en la persona de Jorge de Miguel y su equipo, así como a su Patronato, por el interés y el cariño que le ponen a esta iniciativa, su dedicación y el trato exquisito que ha mantenido con todas y todos nosotros. Y por último, al propio Cabildo de Tenerife y a su Área de Agricultura, Ganadería y Pesca, por considerar que rescatando y destacando las iniciativas que muchas personas y entidades promueven, en o en relación con el mundo rural, éste seguirá avanzando y siendo centro de interés para nuestra comunidad. Gracias a D. Ricardo Melchior y D. José Joaquín Bethencourt.

 

Y finalmente, a modo de licencia de la que me permito disfrutar, Un epílogo que pretende subrayar la invalorable contribución de nuestros abuelos y abuelas al mantenimiento de muchos de los valores fundamentales del mundo rural. Personas clave en nuestro recorrido como sociedad, que nos legaron y siguen transmitiéndonos hoy en día su apego y amor por la tierra, por el campo, por ‘lo rural’. Por eso, permítanme que públicamente dedique mi premio a Jerónimo (el antiguo propietario de esa lanza de paseo que he traído a este acto), Leocadia, Manuel y Maruca, mis queridos abuelos.

En nombre de todas las personas hoy reconocidas, muchas gracias.”

Dr. Vicente Manuel Zapata Hernández

Salón Noble del Cabildo de Tenerife, 11 de diciembre de 2012, 18.00 horas

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